El joven Mezmercardo, por aquel entonces muy influenciado por Mahogany Rush y Van Halen, se acercó a Ward después de una actuación en la que colaboró con una banda local. La historia podía haber sido mucho más interesante o alocada a partir de aquí, pero a veces las cosas son más simples. Mezmercardo simplemente le comentó que estaba trabajando en algunas canciones, le preguntó si le gustaría tocar con él y éste aceptó. Y en tan sólo tres días grabaron las canciones que formar este EP. Grabado por cierto entre 1982 y 1983, aunque fue editado más tarde y se distribuyeron únicamente 500 copias.
En una primera escucha este trabajo destila influencias sobre todo de bandas como Hawkwind, Coven e incluso algo de Led Zeppelin, Blue Öyster Cult y otras bandas de la época. El falsete que usa tan a menudo Mezmercardo recuerda inevitablemente a King Diamond y Mercyful Fate, pero curiosamente éste jura y perjura que se basó en los agudos de David Lee Roth y que ni siquiera conocía al músico danés. Sea como fuere, el resultado es más que curioso, sobre todo porque se aprecia una ralentización de las composiciones, quizá por adaptarse a Ward o por influencia de éste.
«The Innocent, The Forsaken, The Guilty» está formado por cuatro temas: «The Forsaken», casi a modo de introducción; «Dead Ones Cry No More», una de las más Black Sabbath; «Arabian Nights», con desarrollos que recuerdan a Rush en ocasiones; y «Victim of Environmental Change», probablemente la más interesante y la que tiene la mejor ejecución. Pero en la reedición se incluyen tres más, que formaron parte de otro EP titulado «Beg for Forgiveness» y, aunque aquí ya no tenemos a Bill Ward, no se quedan atrás las composiciones. «Kingdom of the Dead» tiene un gran riff, y «No Family No Friends» y «The Jam Song» denotan una notable mejoría en el trabajo de guitarras de Mezmercardo.
Si bien muchos nos hemos acercado a este disco al ver el nombre de Bill Ward, después de un par de escuchas el material se abre un hueco por sí mismo, sin depender de la participación de un músico tan reconocido como él. The Mezmerist es una curiosidad, sí, pero con composiciones lo suficientemente interesantes como para permanecer más allá de cualquier otra cuestión. Merece bastante la pena dedicarles al menos unos minutos.
Texto: Juan Manuel Vilches