
Atentos a… Gingerbee
Si todos los estilos han acabado evolucionando y fusionándose, el emo no podía ser una excepción. Nos encontramos en plena quinta ola del denostado estilo, donde todo parece mezclarse con todo y empiezan a aparecer proyectos que ya no entienden de etiquetas. Bedroom pop, electrónica, jazz, samba, screamo… todo puede convivir sin peleas.
Para entender a Gingerbee y grupos similares hay que hablar de skramz, una etiqueta nacida dentro del emo más underground para referirse a su vertiente más primigenia, cruda y emocional. Música urgente e imperfecta, donde muchas veces lo importante no es sonar limpio, sino decir algo aunque sea a gritos.
Este quinteto internacional (con miembros repartidos entre Brasil, Canadá y Estados Unidos) se formó en 2022, cuando músicos de formaciones como i will be pretty when i die, Scrambled Eggs o Summer 2000 decidieron unir fuerzas para crear algo rompedor y ambicioso. Cada uno grabando desde su casa, ensamblando después todas las piezas para dar forma a un sonido poliédrico a dos voces que, por momentos puede recordar a bandas de la factoría Windmill como Man/Woman/Chainsaw, The Orchestra (For Now) o a proyectos experimentales como Fantômas o incluso Naked City.
«Apiary» (su segundo EP tras «Our Skies Smile») reúne media docena de canciones que giran en torno a la pérdida del amor y la reconstrucción posterior: un viaje emocional donde el duelo no solo es inevitable, sino necesario.
Gingerbee no encajan en ninguna escena concreta, y esa es precisamente una de las razones por las que merecen nuestra atención. Y aunque todavía haya margen para pulir su propuesta, lo que está claro es que estamos ante uno de esos discos que dejan marca.
«Honey»



